El Sueño y la Polisomnografía


Durante siglos el sueño ha carecido de interés para los médicos. Es en el siglo XX en el cuando la comunidad científica médica centra su interés en ese área, creando la primera asociación interesada en el sueño y sus trastornos. La cantidad de personas afectadas por un trastorno de sueño, su deterioro en la calidad de vida y el elevado coste social por mortalidad y gastos farmacéuticos que dichos trastornos generan, ha hecho que el interés por el sueño y sus trastornos sea cada vez mayor, un dato a valorar en la una historia clínica de cualquier paciente.


El sueño podría definirse como un estado fisiológico reversible y recurrente que se caracteriza por una relativa inmovilidad y disminución de la respuesta ante los estímulos externos, con una finalidad reparadora que se rige por una actividad cerebral organizada y compleja.
Según avanza la vida de los seres humanos, las necesidades en cantidad de horas de sueño se van modificando y así como un bebé necesita 17 horas de sueño, un adolescente alrededor de 9, y podemos sentirnos descansados con 7,5 al llegar a la madurez, un anciano puede sentirse descansado con 5 horas y no necesitar más.
No hay por tanto un patrón estándar en la cantidad de horas de sueño que necesitamos. EL despertar alerta y descansados es el mejor indicador de que hemos tenido un sueño suficientemente reparador


Los trastornos del sueño son muy frecuentes en la población general. Cada año hasta un 40% de los adultos se queja de dificultad para dormir. Cuatro de cada 10 individuos no obtienen, de forma regular, un sueño adecuado, siendo la principal consecuencia de este hecho un deterioro de su nivel de vigilancia. Del 2 al 4% de la población padece un síndrome de apnea obstructiva de sueño. El 0,05% de la población padece narcolepsia, diagnostico que en ocasiones tarda más de 10 años en ser realizado.
Una cuidadosa revisión de los datos disponibles, revela que la deprivación crónica de sueño tiene significativos efectos adversos. La morbilidad y mortalidad, tanto como el aspecto económico en términos de coste social, son altamente significativas. La deprivación de sueño es el factor contribuyente más importante en los accidentes tanto de trafico como en los laborales.
Los accidentes de trafico relacionados con fatiga se agrupan alrededor de los picos horarios en los que la somnolencia fisiológica es mayor (de 2,00 a 6,00 y de 14,00 a 16,00). La somnolencia excesiva es la queja más frecuente entre los pacientes evaluados en las unidades de sueño, y casi la mitad afirma haber experimentado un accidente de trafico que amenazo su vida o la de otros. Según algún estudio, la somnolencia es el factor precipitante de un 27% de los accidentes que implican pérdida de conciencia, de los que un 83% resultan en muerte.
Parece que en general, dormir menos de 7 horas por noche, pudiera ser un factor de riesgo tanto en varones como en mujeres. La tasa de mortalidad por trastorno isquémico, cáncer, infarto y todas las causas combinadas es menor en individuos que duermen siete u ocho horas por noche.


Cuando no ocurre así, cuando nos sentimos cansados durante el día o tenemos somnolencia excesiva o somos conscientes de tener conductas anormales durante el sueño, es cuando se puede sospechar de la existencia de un trastorno de sueño.
Una historia clínica que aúne los datos de la exploración física con los de un cuestionario completo de las quejas del paciente con respecto de su sueño, nos proporciona una primera aproximación al problema, siendo en ocasiones necesario realizar una polisomnografía así como otras pruebas complementarias (análisis, Rayos X, etc.) para discriminar que es lo que está afectando el descanso o alterando las fases de sueño del paciente.