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ENLACES

En este enlace encontrará información sobre las enfermedades reumáticas más comunes.


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GOTA

La gota es una enfermedad metabólica caracterizada por el aumento de la producción de ácido úrico en el organismo, o por la deficiencia en su eliminación. Es una enfermedad en la que existe una predisposición hereditaria, y suele aparecer a partir del consumo excesivo de determinados alimentos y de bebidas alcohólicas, aunque no siempre es así. Es una enfermedad frecuente que afecta sobre todo a los varones entre los 30 y 50 años.

El ácido úrico es uno de los productos de desecho del organismo que, en condiciones normales, se elimina a través de la orina. Cuando se produce una cantidad mayor que la que pueden filtrar y eliminar los riñones, se acumula formando cristales. 

Los ataques de gota se deben a la presencia de dichos cristales en los espacios interarticulares, que provocan la inflamación de algunas articulaciones y del tejido que las rodea; esta inflamación de algunas articulaciones y del tejido que las rodea; esta inflamación suele atacar las terminaciones nerviosas de las articulaciones y produce un intenso dolor. 

En algunas ocasiones, los cristales se acumulan en los riñones y pueden desencadenar una insuficiencia renal, es decir, un funcionamiento deficiente de los riñones. 

CAUSAS 

Aunque existen diversas razones que explican un incremento en la formación de ácidos úrico (causante del 10% de las gotas), la causa más frecuente (90 %) es una disminución de la eficacia del proceso de filtración por parte de los riñones, que puede ser consecuencia de algunos trastornos renales, como la nefritis crónica, o la inflamación de los riñones provocada por el consumo de ciertos fármacos, entre los que se encuentran los diuréticos. Determinadas anomalías congénitas del metabolismo provocan también que el organismo genere un exceso de ácido úrico. 
 

Una persona en la que se observe un incremento en el nivel de ácido úrico no tiene por que sufrir ataques de gota; sin embargo, en muchos casos, este exceso se deposita en las articulaciones, en la piel o en los riñones, provocando un ataque agudo de gota, aislado, o una forma crónica de la enfermedad, desarrollada al cabo de un cierto tiempo. 
 

No todos los gotosos tiene elevado en sangre su ácido úrico, así como no todas las hiperuricemias se siguen, necesariamente, de un ataque de gota.

 

ATAQUES AGUDOS 

El primer acceso de gota es, con frecuencia, súbito y agudo, y por lo general afecta la articulación del dedo gordo del pie. Como consecuencia, se produce una inflamación, que se denomina "podagra", acompañada de otros signos, como un dolor muy intenso y el enrojecimiento de la piel de la zona afectada.

El dedo gordo del pie sufre una sensibilización extrema, y resulta doloroso incluso el roce de las sábanas; también se percibe que la piel de la zona inflamada está seca, roja y brillante, y las venas de la parte dorsal del pie pueden estar distendidas. 

Además del dolor, pueden presentarse otros síntomas, como fiebre de hasta 38,55ºC, cefalea, náuseas e inapetencia. 

El primer ataque afecta una sola articulación y dura unos pocos días, tras los cuales desaparecen las molestias, la articulación se deshincha y recupera su color habitual, mientras que la piel presenta descamación y picor. 

Tras el primer ataque puede no presentarse ningún otro, pero por lo general sobreviene un segundo acceso, si bien puede transcurrir meses, o incluso años, antes de su aparición. 

Los ataques sucesivos se pueden presentar en la misma articulación o en otras, como en la rodilla, los dedos de las manos o el codo. Son frecuentes también los debuts en la articulación del tobillo, en otras zonas del pie o la rodilla.

GOTA CRÓNICA 

Esta enfermedad se conoce como gota crónica o artritis gotosa cuando se prolonga durante mucho tiempo y los ataques agudos son frecuentes y periódicos. 

En los casos crónicos de gota los cristales de las sales del ácido úrico pueden depositarse en las articulaciones, en la piel o en los riñones, causando lesiones que son permanentes. 

En las articulaciones, los cristales se asientan en el cartílago de los extremos óseos, deteriorando su superficie lisa y originando hinchazón, rigidez e, incluso, deformidades similares a las que ocurren en la artrosis. 

La piel puede desarrollar protuberancias, denominadas tofos gotosos, en varios sitios; son masas de ácido úrico precipitado que forman pequeños bultos, por lo general en los pabellones auriculares, en las articulaciones de las manos o en la parte posterior de ambos codos, y pueden aumentar de tamaño hasta convertirse en grandes hinchazones. 

Las mayores deformaciones en esta fase de gota crónica aparecen en las manos, cuyos dedos se presentan retorcidos y nudosos, pudiendo llegar a producirse una inmovilidad articular (anquilosis).  Hoy en día y con los tratamientos actuales es muy inusual que el paciente llegue a este estado.

En los casos de gota severa, pueden dañarse los riñones de dos maneras: cuando los depósitos de ácidos úrico bloquean el mecanismo de filtración, y se origina una progresiva insuficiencia renal, y cuando el ácido úrico está concentrado en exceso, y cristaliza formando cálculos renales.
 

DIAGNÓSTICO

El diagnóstico de artritis gotosa se hace mediante la observación directa a través de microscopio de luz polarizada, de los cristales de urato monosódico (birrefringencia negativa) en el líquido sinovial de la articulación.

TRATAMIENTO 

La gota, en la actualidad, es perfectamente tratable.

Cuando un ataque agudo de gota no es tratado, el paciente sufre un dolor considerable durante un periodo que oscila entre tres y diez días, pasados los cuales los síntomas se alivian; sin embargo, un tratamiento con fármacos antiinflamatorios puede curar el proceso con rapidez. Nunca deben tomarse aspirinas, ya que el ácido acetilsalicílico, por sus características químicas similares al ácido úrico, dificulta la eliminación de éste. 

Es importante tomar un analgésico adecuado, recetado por su reumatólogo, tan pronto como sea posible, ya que el retraso en su administración disminuye su efectividad. 

Para controlar la inflamación suele recomendarse fármacos por vía oral, sobre todo colchicina o indometacina. Nunca debemos utilizar hipouricemiantes en la fase aguda, pues empeorarían el cuadro.

Para calmar el dolor puede aplicarse una compresa caliente o hielo en la articulación afectada, aunque puede ser necesaria una evacuación articular seguida de infiltración.

Cuando remita los síntomas del primer ataque, su médico efectuará uno o varios análisis de sangre para determinar si son necesarios tratamientos posteriores, y prevenir una posible gota crónica. 

Si se repiten los síntomas, la enfermedad debe ser atacada en sus raíces metabólicas, para lo cual se suele iniciar un tratamiento con fármacos que debe seguirse durante toda la vida. 

La medicación que se administra basa su actuación en dos principios complementarios. Así, algunos medicamentos actúan aumentando la expulsión del ácido úrico a través de los riñones; por lo cual es conveniente acompañar este tratamiento con un consumo de bebida no alcohólica mayor de lo habitual (2 l/día) y de una retirada, si es posible de fármacos que eleven el ácido úrico. 

Otros fármacos actúan reduciendo la cantidad de ácido úrico producido por el organismo. 

En el ámbito de las nuevas opciones terapúeticas en la gota refractaria a los fármacos más básicos, ha sido aprobado el Febuxostat para el tratamiento de la gota, un inhibidor de la xantina oxidasa (enlace externo al artículo), ya disponible en España bajo el nombre de Adenuric®.

Muy recientemente, un avanzado fármaco de administración endovenosa (1/2 semanas), llamado Kristexxa® (pegloticase) ha sido aprobado por su gran efectividad ante la gota más rebelde de tratar. Es un fármaco no exento de efectos secundarios que debe ser indicado en casos muy seleccionados.

Como complemento a lo anteriormente dicho hay que remarcar que la elección del medicamento adecuado depende siempre de varios factores, entre los cuales se debe tener en cuenta el comportamiento bioquímico de cada organismo. 

Si se sigue el tratamiento de forma correcta, por lo general, desaparecen los ataques o, en caso de sobrevenir, resultan menos graves y frecuentes. 

En alguno casos de gota crónica pueden ser necesario la extirpación quirúrgica de los tofos. 

En el siguiente enlace interno, puede descargar una recomendación dietética para la gota y la hiperuricemia. Es importante que sepa que se ha sugerido un factor protector del café contra la hiperuricemia (enlace externo al artículo).

¿Deberé mantener el tratamiento de por vida?

Sabemos que más de un 50% de pacientes sufrirán un ataque de gota, en los cinco años siguientes si su ácido úrico se mantiene por encima de 9 mg. , por lo que mantener el ácido úrico bajo es el primer pilar del tratamiento.

Los enfermos que, durante el tratamiento, alcanzan valores bajos de ácido úrico en sangre (inferiores a 5 mg.) y dejan el tratamiento, tienen un riesgo bajo o muy bajo de tener un ataque de gota en los cuatro años siguientes (enlace externo a la cita).

Por consiguiente, si está asintomático durante más de dos años y su nivel de ácido úrico con el tratamiento es inferior a 5 mg. puede suspenderlo, siempre de acuerdo con su médico y reiniciarlo si supera el valor de 8 mg.


aLe recomendamos que acceda a nuestro Foro de Pacientes, donde podrá contactar con otros afectados y con profesionales, obteniendo información veraz y contrastada.


NOVEDADES

Inhibidores pegilados de la uricasa, asi como el RDEA594 y algunos inhibidores de la Interleukina-1, forman parte de los numerosos fármacos que se encuentran en desarrollo para el tratamiento de esta enfermedad.

 

 
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